martes, 9 de mayo de 2017

Todo lo que voy a hacer cuando me deje de doler la panza




Volví.

      Hoy llegué y la heladera se había descongelado, tuve que cocinar todo lo que guardaba frizado. Cocine mucho y puse los redondos, de fondo. Casi resulta inevitable que me hagan acordar a vos. Es curioso, pero por un rato volví otra vez al cuarto en Parque Chas. Por un rato me encontré parada de nuevo sobre la cama y te vi dibujando en el tablero, el de animación. "Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos".
     Durante muchos años indagué sobre los viajes en el tiempo para poder volver un momento, aunque sea sólo a charlar. Pero aún parece que no son factibles, o al menos, para una pequeña sonidista del subdesarollo como yo.
      Mientras cocinaba iban pasando los temas en modo aleatorio. Los redondos tienen esa fuerza mística poderosa que todo atraviesa y así de fácil te trajeron de regreso, los dibujos, las fotos, las películas... y yo, sorprendida, no quería bajar de la cama. Por un instante tiempo y espacio se desfiguraron y "entonces" fue "ahora" y no hubo mas distancia que la que separaba la cama de tu silla. Me quedé, congelada mientras te miraba dibujar, casi sin respirar para que la tarde, el cuarto y la cama no desaparecieran.

       En eso sonó el celu, mi madre, quería saber cómo había encontrado la heladera. Corté y puse a Frusciante, Beck, Arcade Fire, random. Saqué las cosas del horno, las dejé enfriar, reabrí el blog y me senté a escribir. Le agradezco a los redondos por resolver mis problemas temporo espaciales, pero hoy no. Hoy estoy en otra y, la verdad, necesito salir a comprar un tupper para meter toda esta comida. Voy a ponerme un abrigo y caminar por la avenida buscando el Colombraro del barrio apurada antes de que cierre, pensando en el tupper, en lo caro que está todo y en que no soy esa chica parada en tu cama y que esas tardes, aunque hoy ya no quiero que vuelvan,  no me dejaran ser la misma, nunca más.





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